Fantaseé que no había soldados
Ni evaluaciones humanas
Todas las madres dormían
Despreocupadas
Al niño le estallaba la risa
La tormenta era de besos
Imaginé que tú y yo danzábamos
Entre nubes de yuzu.
La verdad es que nunca fueron mis chuches favoritas, las llamadas nubes o marshmallows o malvaviscos.
Las encontraba demasiado dulces, demasiado vacuas, en fin, demasiado artificiales.
Las compraba y las comía, incluso tengo algunas recetas en donde las utilizo, pero no eran mis favoritas.
Sin embargo, cuando las vi publicadas en el blog de Trotamundos con esas fotos maravillosas que ella siempre hace, me enamoré de esa delicada apariencia y esa textura que se adivinaba mucho mejor que en las nubes comerciales. Luego supe que se podían hacer con sabores y empecé a mirarlas con otros ojos. Ahí puse la receta en mi caja de pendientes, porque realmente las cosas que hacemos en casa, no tienen nada que ver con las compradas.
Ha pasado casi un año, hasta que justo la semana pasada, llegó hasta mí un artículo de Sibaritissimo , que me hizo sacar esta receta del cajón y elaborar finalmente mis primeras nubes.
Era el momento. Por un lado, tenía en mi despensa los maravillosos polvos de Yuzu, que es en lo que enseguida pensé para aromatizar mis nubes y por otro lado, si estas golosinas se van a poner tan rabiosamente de moda como dicen, al menos yo quiero saber hacerlas.
Y es que según la chef María D`Urso, en declaraciones al New York Times, las nubes van a destronar a la extendida fiebre de los cupcakes.
Los primeros creadores culinarios ya se han puesto en marcha, pues bajo el nombre de The City Bakery, Nueva York va a realizar la primera exposición de nubes. ¿Qué os parece?
Habrá que esperar para ver las tendencias y los logros de los grandes, pero mientras tanto, vamos a ir haciendo pinitos y a intentar dominar la receta base.
Estos son los ingredientes:
150 ml. de agua
320g. de azúcar
200g. de sirope de maíz
Una cucharadita o al gusto, de polvo de yuzu (En el original, extracto de vainilla)
Media cucharadita de sal
En otro capítulo, para los que como yo, no habían oído hablar del yuzu, diremos que se trata de un cítrico muy aromático originario de Asia. Una especie de mezcla entre el limón y la naranja o la mandarina.
Hace años que el yuzu se cultiva en Elche. Nuestra amiga Sol me envió un tarrito que contiene la piel de yuzu secada al sol y triturada.
Cuando abrí el tarro y me lo acerqué para olerlo, tuve como ella muy bien me había advertido, que cerrar los ojos y saborear esa intensidad aromática que te transporta a tierras lejanas. Sensaciones magníficas para la cocina, como bien saben los cocineros más innovadores, de cuya mano, este cítrico exótico se está introduciendo en la cocina de nuestro país.
Enseguida imaginé en hacer una mayonesa en la que en lugar de poner limón, pusiera zumo de yuzu. También pensé en mermeladas, licores, helados, sorbetes, cócteles, incluso Sol me dijo que el polvo está bárbaro en el gin tonic. En fin, cosas que por supuesto estarán inventadas, pero que yo, no he experimentado.
Buscando información, he sabido también que el yuzu es uno de los ingredientes de la salsa ponzu o salsa yuzukosho, tan populares en la cocina oriental.
También he sabido de una historia ritual dada en Japón, relacionada con este fruto y es que el día 22 de diciembre, durante el solsticio de invierno, justo al darse la noche más larga del año, en Japón es tradición bañarse con yuzu.
Me pregunto qué raíz tiene este rito y qué beneficiosos efectos pueden encontrarse en este aromático baño. Seguiremos investigando.
De todas formas, después de haber estado leyendo durante años ya, estudios muy serios sobre los maravillosos efectos de los cítricos, unido a su aroma riquísimo y a su sabor no menos agradable, no me va a costar nada usar estos polvos mágicos de yuzu, en esta y otras muchas preparaciones. Puede decirse que este es un producto, que queda incorporado, sin duda, a mi despensa.
Y ahora no me digáis que no son hermosas estas nubes ligeras y suaaaves, que además saben sutilmente a yuzu.
Veamos cómo se hacen:
Ponemos en un vaso 90 ml. de agua y echamos la gelatina para que se hidrate.
Mientras tanto, en una cazuela pondremos los 60 ml. de agua restantes con el azúcar y el sirope de maíz. Dejaremos calentar a fuego medio hasta que alcancemos una temperatura de 115 grados. Entonces, retiramos del fuego.
Ahora en un bol, echaremos la gelatina que estará hidratada en un bloque y a velocidad baja, con varillas eléctricas, desharemos ese bloque, para a continuación, echar en hilo la mezcla caliente. Todo ello, sin dejar de batir y aumentando progresivamente la velocidad.
Seguiremos batiendo durante 10 ó 15 minutos, echando a mitad del proceso, la sal y una cucharada de yuzu.
Una vez que tenemos una especie de merengue bien duro, habrá terminado el proceso de batir. Entonces, echaremos la mezcla en un molde enharinado o cubierto con una capa de azúcar glas.
Sobre la mezcla, echaremos igualmente azúcar glas y taparemos con papel vegetal o film transparente, dejando reposar durante al menos doce horas.
Cuando haya pasado el tiempo de reposo, desmoldaremos con cuidado y cortaremos en cuadrados o con la forma que más nos guste.
Cada trozo hay que pasarlo todavía por azúcar glas, bañándolo bien, pero acto seguido, sacudiendo todo exceso de azúcar, con la ayuda de un colador, por ejemplo.
Y ya tenemos nuestras nubes de yuzu.
Son bonitas para regalar, para compartir, para jugar a los sabores.
Asadas, en el tazón de chocolate o leche, combinadas con otros ingredientes…
Sólo por las múltiples posibilidades que encierran, me han conseguido conquistar, lo confieso, aunque sigan siendo muy dulces y probablemente no demasiado saludables.
He estado también ensayando otros sabores, con bergamota por ejemplo, y con sirope de granada en lugar de sirope de maíz. Son muchos los experimentos que están esperando.
Deciros que a nadie le amarga un dulce y que estas suavecitas nubes, aunque sea para de vez en cuando, son una golosina gourmet.
¿Las probarás?........




































